"Como en el antiguo oeste, donde los ‘marshalls’ disparaban contra cualquier sospechoso para después averiguar cuáles eran sus intenciones, dos comisarios estadounidenses abatieron el miércoles a tiros a un hombre que dijo tener una bomba.

Sólo que en esta ocasión el hombre no viajaba en una diligencia, sino en un avión de American Airlines que iba a despegar del aeropuerto de Miami hacia Orlando, en Florida. Además, pese a su temeraria afirmación de llevar un explosivo, el hombre no podía ser tan sospechoso, porque tras él iba su afligida esposa gritando que estaba enfermo y que no había tomado sus medicinas.

Rigoberto Alpízar (así se llamaba el infortunado), un estadounidense de 44 años, padecía de trastorno bipolar, según afirmó su mujer Anne Buechner, que viajaba con él y que gritaba “¡está enfermo, está enfermo!”, antes de que los agentes le dispararan.
Las personas con bipolaridad pasan de estados de actividad frenética a otros de depresión profunda (por eso antes se le llamaba a la enfermedad psicosis maníaco depresiva) y si no están bajo los efectos del medicamento pueden tener brotes sicóticos con alucinaciones visuales o auditivas.

Alpízar y su esposa venían desde Quito, Ecuador. En Miami hicieron una escala para transbordar de avión hacia Orlando, donde está su casa. No es difícil imaginar el calvario que padeció Anne durante el viaje, con un marido que vive con bipolaridad y que no había tomado sus medicamentos. El viaje entre Quito y Miami debe de durar unas cuatro horas; 240 minutos de angustia para Anne, probablemente rogando que su esposo no tuviera alguna crisis. La vida con alguien que padece trastorno bipolar es todo menos fácil. Es común que no acepten su enfermedad y rechacen el medicamento.

Así que el suplicio de Anne durante el vuelo debió, con todo, ser parte de su vida cotidiana. Aparte, están la incomprensión y el rechazo de los demás: familiares, amigos, empleadores y, en resumen, la sociedad. Así que los que deciden aceptar el reto de apoyar a alguien con bipolaridad deben luchar contra todo y contra todos. Son como quijotes tras un ideal: el restablecimiento y bienestar de su ser querido.

El desenlace de la historia de Anne y Rigoberto fue la materialización de la peor de las pesadillas. Un incidente absurdo en el que la ignorancia y la negligencia de unos ‘marshalls’ le costaron la vida al enfermo. Porque estamos hablando de una enfermedad que puede ser mortal, no por sí misma, sino por las acciones de quien la padece (suicidio) o de quienes le rodean.

En este caso, si los comisarios, en los que el gobierno de EU gasta millones para entrenarlos y tenerlos siempre como cuchillitos afilados, hubieran sabido más sobre el trastorno bipolar, no habrían disparado.

Y eso es lo trágico del asunto: lo que le costó la vida a Alpízar no fue la bipolaridad, sino la ignorancia de los agentes y el desinterés de la sociedad por conocer sobre este tipo de enfermedades. Y es que tradicionalmente se ha satanizado a quienes padecen este tipo de males. Antes los consideraban poseídos. Ahora los confunden con terroristas."


Publicado por Gerardo Jiménez en su blog el 09/12/2005.

Enviado por: juanfran en Domingo, 18 Diciembre, 2005