La propuesta de Accoyer fue separar las profesiones respaldadas por un título académico, psiquiatras y psicólogos en este caso, y cerrar la posibilidad de considerarse especialista a los miles de psicoanalistas, a los que nadie controla la formación adquirida. La votación de esta enmienda, aprobada el pasado mes de septiembre por unanimidad, levantó las iras de los herederos de Freud, que han organizado múltiples protestas.
Después de la polvareda, el Gobierno ha corregido el texto. O eso parece, porque la nueva formulación del texto sigue dejando claro que existe un listón entre unos y otros. El Senado galo recibió ayer de la Asamblea esta patata caliente y la discutió larga y profusamente. Al cierre de esta edición, no se conocía el resultado de la votación, pero la mayoría absoluta del centro derecha hace presagiar que los psicoanalistas quedarán un peldaño, o varios, por debajo y que existirá algún control para ejercerlo.
La nueva redacción prevé «reservar el título de psicoterapeutas a los profesionales inscritos en el registro nacional» que se crearía expresamente. Los psiquiatras y los psicólogos entran como licenciados, ¿y quién decide si los psicoanalistas y otros autodenominados psicoterapeutas sin título pueden entrar? Esos matices quedan por dilucidar, aunque la larga marcha parlamentaria del texto, que volverá a la Asamblea Nacional, augura cambios.
El Gobierno explica la ley como la «necesidad reconocida de informar y asegurar al público en lo referente a las psicoterapias». Otra de las enmiendas a revisar propone la creación de un Consejo Nacional de las prácticas psicoterapéuticas con cuatro colegios: psicoterapeutas, psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas.
La Razón 14/01/04
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