El Servicio Andaluz de Salud ha publicado una guia clínica para su utilización en cirugía de la obesidad. Se trata de una obra interdisciplar en la que intervienen las especialidades de cirugía de la obesidad, endocrinología, psicología clínica y anestesiología. En ella se describen los circiutos asistenciales, los criterios de inclusión y exclusión, así como los estudios recomendados para la valoración de estos pacientes previos a la cirugía y seguimiento posterior.
La publicación se puede encontrar en la web del Servicio Andaluz de Salud, en la sección de publicaciones, y dentro de esta en el capítulo V "Protocolos Clínicos y Procedimientos Asistenciales" con el título: "Asistencia sanitaria a los pacientes con obesidad mórbida - cirugía bariátrica"(acceso restringido al
370 kb a profesionales del SAS).
INTERVENCIO PSICOLOGICA EN CIRUGÍA DE LA OBESIDAD
La obesidad mórbida (IMC> 40 kg/m2) es una enfermedad incluida en la CIE-9. En España afecta al 0’5% de la población adulta. Esta asociada con importante comorbilidad, tanto somática como mental, lo que produce discapacidad, pérdida de calidad de vida y aumenta considerablemente el riesgo de muerte. El tratamiento riguroso exige la creación de equipos multiprofesionales de cirujanos especializados en obesidad, psicólogos clínicos, endocrinólogos y anestesistas. Los psicólogos realizan las siguientes actividades:
Prequirúrgicas: a) evaluación de la idoneidad del candidato considerando las posibles contraindicaciones absolutas y/o relativas, b) diagnóstico psicopatológico, c) valoración de la inteligencia, del funcionamiento neuropsicológico y de la personalidad, d) mejora, en su caso, de la idoneidad del candidato dada la necesidad de la opción quirúrgica en la mayoría de los casos (riesgo de muerte en función de la comorbilidad).
Postquirúrgica: La presencia de alteraciones y/o déficits psicológicos previos a la cirugía aumentan el riesgo de descompensación posterior. También pueden aparecer trastornos mentales ex novo (ej.: episodios bulímicos) que pueden hacer fracasar el resultado de la cirugía y poner en riesgo al propio paciente. Esto puede obligar a nuevas reintervenciones, aumentando consiguientemente el gasto sanitario. Durante los dos primeros años posteriores a la cirugía es aconsejable un seguimiento por psicólogos clínicos entrenados a fin de disminuir estos riesgos. Pero también se estima que al menos un 3% de todos los pacientes operados deberían mantener dicho seguimiento de por vida.






