| Tema: | Qué preocupa a los psicólogos |
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portugal
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Esta es una tribuna aparecida en El Médico Interactivo. La leeis y comparais con lo que hace la psicología oficial. Demografía médica:¿qué hacemos? Miguel Ángel García Pérez Coordinador de estudios de la Fundación CESM Me van a permitir un pequeño juego de palabras para poder decir que la situación actual de la profesión médica es complicada y a la vez compleja. Compleja porque ya en sí misma presenta dificultades de comprensión y teorización que hacen que con frecuencia el papel o las actitudes profesionales del médico estén en el candelero de la reflexión (podemos recordar, por ejemplo, la dificultad de definir el objetivo final de su actividad, la salud, o la acusación de paternalismo que se vierte sobre la historia de su ejercicio). Pero, a la vez, podemos definirla de complicada, "hecha compleja" (forzando un poco el sentido) por acción humana, al producirse frecuentemente situaciones difíciles generadas por distintas intervenciones, no siempre acompañadas de la suficiente planificación. Es a esta última situación a la que voy a ceñirme, haciendo uso de los resultados que vamos obteniendo del estudio ?El Número de Médicos en España 2004?, en el que la Fundación CESM se encuentra actualmente comprometida. Un primer resultado a reseñar se refiere al número total de médicos con capacidad de ejercicio a 1 de julio de 2004 y a su comparación con los datos procedentes de las estadísticas europeas. Contaríamos en este momento, según las fuentes utilizadas, con unos 170.000 médicos (169.325 para ser exactos) que cumplen los requisitos para su ejercicio en el Sistema Nacional de Salud (titulación de especialista o habilitación para el ejercicio de la Medicina General), una cifra que supone un ratio de 412,47 médicos por cada 100.000 habitantes. Tradicionalmente, se ha considerado que se trataba de una cifra exagerada dentro de nuestro contexto europeo, pero los nuevos esfuerzos homogeneizadores de las instituciones oficiales que se ocupan del análisis de la profesión en Europa (EUROSTAT por la Unión Europea, y la Oficina Regional para Europa por la OMS) sitúan los datos españoles en torno a la media de la Unión Europea (tanto en las categorías de licenciados como de médicos en ejercicio), lo que hace que nos debamos cuestionar dicha consideración. Un segundo resultado, a mi juicio mucho más importante que el anterior, pero insuficientemente recogido por los medios de comunicación hasta ahora, es la confirmación de su probable evolución en los próximos años. Con una incorporación media de unos 4.000 nuevos médicos especialistas por año al mercado de trabajo, y una jubilación aún escasa (aunque no será así por mucho tiempo), el número total de médicos con posibilidad de ejercicio se aumentará en 40.500 (prácticamente un 25 por ciento del total actual; ver Figura 1) en los próximos 15 años, lo que, probablemente, generará un excedente que el sistema sanitario español será incapaz de absorber. Y la situación ya tiene difícil remedio: el tiempo promedio necesario desde el acceso a la Universidad hasta la obtención del título de especialista con el que se entra al mercado de trabajo es de unos 12 años, por lo que cualquier reducción del acceso a las Universidades en los próximos años tendría una escasa repercusión en dicho excedente. Por otro lado, a partir del año 2020 se producirá un elevado nivel de jubilaciones, procedentes de las promociones masivas de los años 70 y 80, que, como muestra la pirámide de población (ver Figura 2), constituyen el grueso de la profesión hoy. Ello originará (de continuar las tendencias actuales) una importante reducción de los efectivos, hasta alcanzar niveles inferiores a los actuales a partir del año 2030. Si pensamos en un horizonte de aumento de necesidades de atención (envejecimiento, inmigración...), la situación podría hacerse mucho más complicada que la actual, en la que hay grandes dificultades para cubrir determinados puestos en algunas comunidades autónomas. La situación que se crea, por tanto, para los actuales estudiantes y para los que ingresen en la profesión en los próximos años, es difícil. Acabarán su período de formación en un momento de gran saturación de profesionales, lo que, además, podría verse agravado por la libre circulación de profesionales procedentes de los países de la reciente ampliación de la Unión Europea. Si, continuando la tendencia actual, muchos de estos profesionales salen de España para intentar buscar mejores oportunidades laborales y profesionales, el déficit esperado para la tercera década del siglo XXI podría ser todavía más marcado. La reducción aún mayor del numerus clausus no sólo no tendría un efecto significativo sobre la cifra máxima de profesionales a alcanzar hacia el año 2019, sino que, además, aceleraría ligeramente la caída posterior del número de médicos. Antes al contrario, y salvo que se produzca una entrada importante de profesionales de la UE ampliada, lo procedente sería frenar dicha caída con la ampliación del número de estudiantes admitidos a las Facultades a partir del año 2007, y del número de plazas de residentes a partir del año 2014. Un aumento de dichas plazas MIR con anterioridad a dicha fecha podría influir negativamente en la evolución del excedente de profesionales, aumentando sus cifras, aunque reduciría ligeramente el número de licenciados sin posibilidad de ejercicio profesional (ahora escaso, unos 6.000 médicos). Todo ello no es más que un ejemplo de lo que puede ocurrir en Sanidad de no planificarse las actuaciones a largo plazo. La demanda de profesionales producida con la creación de los grandes hospitales y el atractivo que en aquellos momentos tenía la profesión originó una bolsa de facultativos que ha requerido correcciones posteriores, como la introducción de los numerus clausus en las Facultades, con la consiguiente reducción del ritmo de entrada de nuevos médicos en el mercado de trabajo. Cuando aquellas promociones comiencen a jubilarse, el número de nuevos profesionales será insuficiente (de seguirse las mismas tendencias actuales) para compensar las pérdidas, y las consecuencias de ello son, en este momento, impredecibles. Habrá que empezar a pensar en las alternativas que se ofrezcan a los médicos que finalicen su período formativo en los próximos años. Porque tanto el esfuerzo personal como el institucional (la formación de un futuro médico le cuesta a las arcas públicas del orden de 125.000 e) no pueden quedar echados en saco roto; ni creo que debamos darnos por contentos con una perspectiva en la que muchos de nuestros médicos se hayan visto obligados a ejercer en el extranjero mientras que muchos facultativos extranjeros cubran su déficit a partir de los años 2020-2030 (aún reconociendo el enriquecimiento cultural que produce dicho intercambio, deberíamos valorar el esfuerzo que le supondría a muchos tener que emigrar para ejercer su profesión en otros países). Quizás sería el momento de potenciar nuestra investigación, aprovechando los años de exceso de profesionales) para alcanzar el nivel europeo (o incluso superarlo). Quizás el de potenciar las actividades de cooperación internacional, a las que nuestros profesionales son tan sensibles, contando con que dicha experiencia fuera después reconocida a nivel laboral dentro de nuestras fronteras. En definitiva, se trata de una buena oportunidad de demostrar dotes de planificación en nuestros administradores sanitarios. Más datos significativos. Ya se conoce, pero no por ello hay que dejar de incidir en ello, en que la profesión médica se está convirtiendo en una profesión mayoritariamente femenina (47 por ciento en la actualidad, 60 por ciento hacia el año 2030). Ello cambiará el perfil profesional y hará surgir nuevos panoramas en cuanto a las necesidades de conciliación familiar, flexibilización de jornadas, etc. No se trata de un problema a resolver, sino de una situación que se va a producir, y de la que habrá que aprovechar toda su potencialidad. Otro dato a tener en cuenta se refiere a la distribución por comunidades autónomas de los profesionales. Nuestras fuentes de datos, tomadas en una parte importante de datos relativos al proceso de formación de los profesionales (domicilio al solicitar el MIR; Universidad en la que se cursó la licenciatura) no permiten un análisis exacto de los efectivos por CC.AA., pero sí nos dan una idea de cómo se produce dicho reparto; de hecho, nuestra distribución (presentada en número de médicos por 100.000 habitantes en la Figura 3), se asemeja en mucho a los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística en función de las colegiaciones. Y ofrecen la imagen de unas comunidades netamente exportadoras de profesionales (con un exceso en nuestras cifras sobre las de profesionales colegiados en dichas autonomías), y otras claramente receptoras de las mismas (con más profesionales colegiados que los obtenidos por nuestro estudio). En concreto, las CC.AA. de Aragón y Navarra son claramente excedentarias en profesionales, mientras que las dos comunidades insulares y las de Castilla-La Mancha y Murcia son netamente importadoras. El panorama se complica aún más si queremos hacer un análisis por especialidades. Sus datos no son directamente comparables con los europeos, y las necesidades y posibilidades de desarrollo varían mucho de unas a otras. A especialidades claramente deficitarias (está reciente la reconocida carencia de anestesistas en Andalucía por parte de su consejera, así como la dificultad para encontrar pediatras para la Atención Primaria en distintas regiones) se le contraponen otras con mayor dificultad para ocupar a sus especialistas, como es el caso de la Medicina Interna, cuyo campo de desarrollo se ve afectado por la asunción de sus responsabilidades a cargo de otras disciplinas. Abrimos nuestras puertas a las distintas Sociedades Científicas, así como a otras entidades interesadas en la situación de las distintas especialidades, para realizar un análisis más completo de las mismas, y esperamos que los datos que vayamos obteniendo (y que procederemos a publicar en cuanto los tengamos disponibles) faciliten la planificación de los recursos necesarios para un adecuado ejercicio de nuestro servicio profesional a la población. |